16/9/11

El desprecio


TÍTULO ORIGINAL: Le mépris
AÑO: 1963
DURACIÓN: 102 min.
PAÍS: Francia
DIRECTOR: Jean-Luc Godard
GUIÓN: Jean-Luc Godard (Novela: Alberto Moravia)
MÚSICA: Georges Delerue
FOTOGRAFÍA: Raoul Coutard
REPARTO: Brigitte Bardot, Jack Palance, Michel Piccoli, Georgia Moll, Fritz Lang
PRODUCTORA: Coproducción Francia-Italia

Paul y Camille parecen formar un sencillo pero feliz joven matrimonio. Su relación sufrirá una controversia emocional a partir del momento en que Paul acepta la oferta de un arrogante productor americano, para escribir el guión de una gran producción comercial basada en La Odisea de Homero dirigida por Fritz Lang.

Retrato magistral de los sentimientos conyugales inmersos en crisis, adaptado de la mano de Jean-Luc Godard de forma libre y personal a partir de la novela homónima del escritor Alberto Moravia. Le mépris es una reflexión sobre el amor, el sexo, el dinero, la literatura, todo en torno a la realización cinematográfica. Puede que esta película sea más autobiográfica por parte de Godard de lo que parece, una profunda visión de sus principios éticos respecto al cine en relación con su vida personal. La cuestión es que uno de los percursores de lo que fue la Nouvelle vague, un atrevido experimentador de cambios constantes, siempre un paso por delante; en esta película se aleja un poco de sus inicios, plantea un hilo argumental lineal que puede seguirse sin problemas, pero lleno de contextos dobles y paralelismos trágicos.


La principal clave puede producirse en el momento que se produce el cambio en los sentimientos del personaje Camille, interpretada por una Brigitte Bardot cargada de sensualidad. Muestra una evolución de sus sentimientos hacia su pareja pasando por una fase en la que el amor cede, aparece la indiferencia hasta llegar al desprecio. El posicionamiento de Paul, interpretado por Michel Piccoli es mucho más transparente y simple a primera vista, la evolución narrativa del argumento está determinada por la búsqueda del motivo de tal desprecio. La relación que se establece entre los personajes y los hechos que acontecen son como los de una clásica tragedia griega compuesta por tres actos. Esa idea se construye y desarrolla durante toda la película de forma muy marcada a través del encuadre con el tratamiento cromático y más sustancial, en su forma de mostrar luz y banda sonora. La historia viene marcada por la evocación hacia la supuesta adaptación que se muestra de La Odisea y los personajes de la obra épica de Homero. El claro paralelismo de Ulises, Penélope y Poseidón con Paul, Camille y Prokosch está desarrollado de una forma sencilla aunque compleja de realizar, sobre todo para plasmar la relación conyugal, el amor y las tragicas circunstancias que deben determinarse contra el mundo.


La dirección de actores en la película es definitiva, se saca partido desde el más irrelevante gesto, hasta la forma de aparecer en escena y los colores que se les asigna en relación a un conjunto que desborda por su compleja sencillez. La aparición de Fritz Lang interpretándose a si mismo es una culminación del homenaje que durante toda la película muestra Godard, hay muchas referencias y menciones sobre cine hacia una época pasada que en la actualidad poco a poco se olvida, incluso se desprecia. También es muy bonito el ver cine dentro de cine, en está película es algo determinante pues está vinculado de forma directa con los personajes. El papel de Jack Palance interpretando al productor americano Jeremy Prokosch es muy interesante, sobre todo por esa relación que se establece con la evolución de la industria cinematográfica. Por las imágenes se construye la idea de como la industria americana engulle y moldea a su gusto el mundo del cine, para que su distribución masiva esté relacionada con sus beneficios económicos, comercializar el arte.


En esta película se experimenta y trabaja la estética de forma exagerada, consiguiendo una combinación de colores, luces y encuadres, simples de relacionar, pero con tanta complejidad y determinación que hasta da miedo. Dar importancia a una serie de imágenes o tratamiento de secuencias, es la batalla del creador con los productores, elecciones por encima de otras que serían más llamativas, que ayudarían a recaudar más, pero por encima de eso está la necesidad de expresarse y avanzar experimentando. Es otro paralelismo de la película, en este caso, con el propio Godard y sus reflexiones sobre el cine y el arte; se pueden ignorar o prestar atención, cada persona es libre de tomar una determinación. Son muchos los elementos que hacen que Le mépris sea tan excepcional, la fotografía de Raoul Coutard, su utilización de luz natural y la combinación cromática que trabaja durante toda la película están muy detalladas. Otro aspecto que subrayo como espectacular es la banda sonora compuesta por Georges Delerue, dispone de una melodía tan sencilla pero con tanta intensidad que cada vez que la escuchas y relacionas con los sentimientos de los personajes, es imposible no sentir emoción recorriendo tu cuerpo. Al final de la película descubres que a pesar de parecer algo sencillo, dispone de una capacidad destructiva muy elevada, puede que haya quien la encuentre aburrida, incluso tediosa. La verdad es que hay que dejarse llevar, pues está película es muy sensitiva, estimulante y con mucho más trasfondo del que parece.

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