25/6/12

La sombra de una duda


TÍTULO ORIGINAL: Shadow of a Doubt
AÑO: 1943
DURACIÓN: 108 min.
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Alfred Hitchcock
GUIÓN: Thornton Wilder, Alma Reville, Sally Benson (Argumento: Gordon McDonnell)
MÚSICA: Dimitri Tiomkin
FOTOGRAFÍA: Joseph Valentine (B&W)
REPARTO: Joseph Cotten, Teresa Wright, MacDonald Carey, Patricia Collinge, Henry Travers, Hume Cronyn, Wallace Ford, Janet Shaw, Estelle Jewell, Eily Malyon, Ethel Griffies, Clarence Muse
PRODUCTORA: Universal Pictures
PREMIOS 1943: Nominada al Oscar: Mejor historia

A casa de sus familiares, en el tranquilo pueblo de Santa Rosa, llega un día el encantador tío Charlie, un seductor criminal que viaja de Filadelfia a California y al que la justicia va pisando los talones. Su sobrina Charlie, a pesar de que no sabe nada de sus actividades, no tardará en sospechar que su tío es el misterioso asesino de viudas al que la policía anda buscando.

Alfred Hitchcock es uno de los directores más conocidos, incluso por quienes no les gusta el cine. Con muchas películas realizadas a cada cual mejor, es curioso que un director de su envergadura, y no me refiero a su físico, nunca recibiera un Oscar al mejor director aunque estuvo nominado en cinco ocasiones.
Con esta película Hitchcock plantea una situación de tensión sin precedentes, donde las cosas no son lo que parecen. La película está basada en una historia del escritor Gordon McDonell. El excelente guión está desarrollado de forma minuciosa por Thornton Wilder, Sally Benson y Alma Reville, la mujer de Hitchcock, que en todas las películas le sirvió de apoyo. La construcción de los personajes, su arco temporal, están perfectamente definidos y explicados. La trama principal cuida todos los detalles posibles y consigue en pequeñas dosis aumentar el misterio y el suspense.


Todos los elementos que componen el guión y todos esos pequeños detalles que lo hacen tan bueno están plasmados en las imágenes de una forma minuciosa y muy pensada. Hitchcock era un maestro, pero incluso más de lo generalizado de forma popular. Observando con detenimiento los pequeños detalles puedes llegar a comprender la grandiosidad de su trabajo, pues las películas de Hitchcock están tan bien construidas y narradas que tienen la particularidad de hipnotizar, sigues el argumento de forma ensimismada. Sus películas van más allá del mero entretenimiento, por ese motivo es recomendable varios visionados y si es posible, de todas sus películas.


La fotografía en blanco y negro de Joseph Valentine, quien también trabajó con Hitchcock en otras películas como La Soga o Sabotaje, está ejecutada de forma perfecta, llena de matices. En muchos de los planos consigue narrar tanto el interior de los personajes como el entorno que les rodea y la situación en la que se encuentran.
Una recomendable película, al igual que todas las que forman la filmografía del director. Técnicamente pensada y realizada de forma sublime; La sombra de una duda no tiene el renombre que con el tiempo han adquirido las películas más conocidas de Hitchcock en su etapa Americana, pero está a la misma altura, como ocurre con muchas otras del cineasta Británico. A continuación dejo un fragmento de una interesante entrevista titulada El cine según Hitchcock que realizó François Truffaut al mismo Hitchcock donde hablan sobre La sombra de una duda.


François Truffaut: Sé que Shadow of a Doubt (La sombra de una duda) es de todos sus films el que usted prefiere. Creo, sin embargo, que si por desgracia desaparecieran todas sus restantes películas, Shadow of a Doubt daría una idea inexacta del «Hitchcock touch». En cambio, Notorious (Encadenados) dejaría una imagen más fiel de su estilo.

Alfred Hitchcock: No debería decir que Shadow of a Doubt es mi película favorita. Si me he manifestado a veces en este sentido es porque me doy cuenta de que esta película es satisfactoria para nuestros amigos los verosímiles, nuestros amigos los lógicos...

François Truffaut: ... y nuestros amigos los psicólogos...

Alfred Hitchcock: ... sí, y nuestros amigos los psicólogos. Es, pues, una debilidad por mi parte, porque si por un lado pretendo no preocuparme por la plausibilidad, por otro lado me inquieto por ella. ¡Sólo soy humano a fin de cuentas! Pero, seguramente, la segunda razón es el recuerdo tan agradable que guardo del trabajo con Thornton Wilder. En Inglaterra, siempre había conseguido la colaboración de las mejores estrellas y de los mejores escritores. En América no había sucedido lo mismo y había recibido negativas por parte de algunas estrellas y de algunos escritores que despreciaban el tipo de trabajo que me interesa. Por ello me resultó de repente muy agradable y satisfactorio descubrir que uno de los mejores escritores americanos estaba dispuesto a trabajar conmigo y a tomarse el trabajo en serio. Con Thornton Wilder habíamos trabajado de una manera muy realista, en especial para todo lo que concierne a la ciudad y el decorado. Habíamos elegido una casa y Wilder temía que fuese demasiado grande para un pequeño empleado de banca. Después de una investigación descubrimos que el tipo que habitaba esa casa se encontraba en la misma situación económica que nuestro personaje y entonces Wilder quedó satisfecho. Cuando volvimos a la ciudad, antes del rodaje, el tipo, tan contento de que su casa saliera en la película, la había pintado. Nos vimos obligados a pintarlo todo otra vez «de sucio» y, naturalmente, al acabar la película se lo volvimos a pintar todo de nuevo.

François Truffaut: Shadow of a Doubt es, con Psycho, una de sus raras películas en la que el personaje principal es el malo y el público simpatiza mucho con él, probablemente porque no se le ve nunca asesinando a las viudas...

Alfred Hitchcock: Probablemente, y además es un asesino idealista. Forma parte de esos asesinos que sienten en ellos una misión de destrucción. Puede que las viudas mereciesen lo que les ocurría, pero no era asunto suyo hacerlo. En la película se plantea un juicio moral, ¿verdad?, ya que Cotten es destruido al final, aunque sea accidentalmente, por su sobrina. Esto equivale a decir que no todos los malos son negros ni todos los héroes son blancos. Hay grises en todas partes. El tío Charlie quería mucho a su sobrina, pero no tanto como le quería ella a él. Sin embargo, ella ha tenido que destruirlo, pues no olvidemos que Oscar Wilde dijo: «Matamos a lo que amamos.»

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