17/5/14

Godzilla


Título original: Godzilla
Año: 2014
Duración: 123 min.
País: Estados Unidos
Director: Gareth Edwards
Guión: Max Borenstein (Historia: Dave Callaham)
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Seamus McGarvey
Reparto: Aaron Johnson, Ken Watanabe, Elizabeth Olsen, David Strathairn, Bryan Cranston, Sally Hawkins, Juliette Binoche, CJ Adams, Richard T. Jones, Al Sapienza, Patrick Sabongui
Productora: Legendary Pictures / Warner Bros

Un monstruo marino, producto de mutaciones radioactivas provocadas por el hombre décadas atrás, se enfrenta a malvadas criaturas que, animadas por la arrogancia científica de la humanidad, amenazan la vida de los hombres.

Miro los diferentes posters, veo el tráiler y todo es bastante prometedor. Esta relectura, remake o secuela -llamalo como quieras- de Godzilla realizada por el director de Monsters, aquella romántica monster movie que ganó el premio a mejores efectos especiales en 2010 en el marco del Festival de Sitges, y no entiendo muy bien el porqué. Por primera vez en tantos años, la fidelidad en forma y tamaño de Godzilla era muy esperanzadora, pero la adaptación de Gareth se convierte en un triste reflejo de lo que podría haber sido y no fue, dejando a la obra dirigida por Roland Emmerich en 1998 mejor posicionada. Tras el visionado de esta nueva versión, solo encuentro una palabra, decepción.

Es cierto, que en base a su elevado presupuesto de 160 millones de dólares, algunos efectos especiales ya apuntaban malas maneras en el tráiler, sus texturas demasiado digitales en la destrucción durante algunas secuencias, revelaban un fiasco para su categoría de superproducción de Hollywood. De manera que moderé bastante mis expectativas. Pero todo eso era algo trivial en el contexto que importaba, el diseño del monstruo era digno de admirar y las batallas prometían ser realmente épicas, algo, que por desgracia no sucede.

Gareth Edwards se mete en camisas de once barras, un proyecto enorme que le queda grande. Su atrevimiento es digno de alabanzas, todo lo contrario a los resultados que termina ofreciendo. Con las tecnologías más modernas nos presenta a un mastodóntico y bien diseñado Godzilla -solo eso-, ampliamente conocido a lo ancho de todo el planeta, su fama únicamente es superada por King Kong.


Gojira -Godzilla es una traducción fonética fuera de Japón- fue creado por los estudios Toho en 1954 creado pensando en el miedo que sintió Japón en los bombardeos atómicos a manos de Estados Unidos. Tras 28 películas producidas íntegramente en Japón, el monstruo que destruye toda la ciudad a su paso pero salva a sus habitantes de los diferentes peligros, casi siempre perpetrados por otras especies gigantes. Se ha convertido en un antihéroe más querido que odiado, un ser que tras su agresiva apariencia esconde cierto grado de simpatía. Edwards no aprovecha ninguna de las dos facetas, ni la simpatía ni la agresividad.

Edwards sigue con su fijación por lo acontecido en Monsters, la procreación entre especies gigantes. Éste inserta su fijación a la fuerza y a presión en un contexto totalmente inverosímil y absurdo. Y conduce la película por un terreno bastante arenoso, con unas secuencias de acción firmes y sobrecargadas visualmente, pero ausentes de carisma y emoción. Salvo una escena, del supuestamente épico combate entre Godzilla y Mothra -diseño que se han pasado por el forro- durante el prometedor desenlace, escena que se cargan de un plumazo en la siguiente, no existe empatía alguna a lo largo de toda la película. Ni con los personajes, ni con Godzilla, ni con los enemigos, nada. Sentimientos positivos o negativos, cero.


El guión escrito por un desconocido Max Borenstein se basa en la historia ideada por Dave Callaham, el guionista de Los mercenarios. Un guión que conserva, en forma de denuncia social, el pánico nuclear. Lema de la gran mayoría de las producciones a lo largo de más de 50 años en la vida del querido y carismático lagarto gigante.

La relación entre ambos protagonistas, Joe Brody y Ford Brody, padre e hijo interpretados por Bryan Cranston (Breaking Bad, Drive) y un crecido Aaron Taylor-Johnson (Kick-Ass) al que cuesta reconocer, es de lo más tópica y aburrida. Además, los acontecimientos que llevan a dicha y tensa relación entre ambos, es perfectamente sustituible y poco trágica en el contexto de la historia. Por otro lado, en un eco lejano, muy lejano de su papel en Inception de Christopher Nolan, aparece Ken Watanabe en el papel de Dr. Ishiro Serizawa, un personaje que podría haber dado más juego.

El compositor de Argo, Alexandre Desplat, elabora un trabajo que obtiene el aprobado. Sin embargo, si algo destaca en toda la orquestación, es el apartado sonoro. Los rugidos del monstruo son de lo mejorcito y más fieles al original. Así pues, no tengo claro si quiero otro reboot que arregle semejante despropósito, lo que si tengo claro, es que no quiero una secuela, no si la dirige Gareth Edwards.

Puntuación

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